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Conversión de residuos en energía renovable ¿es posible?

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La conversión de nuestros residuos en energía es clave para cumplir la normativa europea que establece que la cantidad de residuos urbanos depositados en vertederos en 2035 debe ser menor de un 10%

Pero, ¿cómo es la energía producida por los residuos orgánicos? ¿Cuál es el proceso a seguir?

Tradicionalmente, el método más «fácil» para convertir los residuos en energía era incinerarlos. Es decir, se quemaban tanto aquellos residuos combustibles seguros como restos de comida, cartones, papeles o telas. 

Los resultados obtenidos a nivel mundial era positivos: en Japón se trataban anualmente casi 40 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos por métodos térmicos, mientras que en Suecia las incineradoras podían generar energía suficiente para satisfacer un 20% de las demandas de calefacción del país y suministrar energía a más de 250.000 hogares. 

El problema de incinerar los residuos para obtener energía es que, durante el proceso, se generan contaminantes atmosféricos como metales pesados, dioxinas y gases ácidos. Y, aunque con las incineradoras modernas estas emisiones son bajas, era necesario buscar otros métodos más limpios.

Pirólisis y gasificación: dos formas de obtener energía de residuos urbanos 

Hoy en día existen diferentes tecnologías para generar energía a partir de residuos.  Todas siguen estrictas normas ambientales y nos permiten convertir hasta el 98% de los residuos en energía.

Podemos clasificarlas en dos grupos: térmicas (generan electricidad a través de la combustión directa) y no térmicas (producen metano, etanol, hidrógeno y otros tipos de combustibles sintéticos). 

Dentro de estas tecnologías destaca la pirólisis, una forma de termólisis que permite descomponer los residuos, a través de calor (las temperaturas pueden alcanzar los 600 °C), en un entorno inerte completamente libre de oxígeno. Las fuentes de energía que pueden obtenerse a través de la pirólisis son: un 35 % del peso total de los residuos se convierte en carbón; un 40% se transforma en líquido biocombustible; y un 10% en gas artificial.

Actualmente, también podemos convertir los residuos en gas, e incluso transformar los gases de vertedero (que se generan naturalmente al descomponerse los desechos) en energía. 

La gasificación permite la conversión de residuos sólidos municipales, combustibles derivados de residuos, plásticos, restos de la industria agrícola, materia seca de los lodos de depuración y carbón en energía sostenible. Concretamente, en gas sintético con valor calorífico equivalente porcentualmente a un 10-15% del gas natural. 

Este proceso tiene otras ventajas: alrededor del 50% de los gases de invernadero es metano, perjudicial para la atmósfera y que contribuye a aumentar el efecto invernadero. Si somos capaces de «capturar» este gas, reduciremos la contaminación. 

¿Qué fuentes de energía se pueden obtener de nuestros residuos?

Biomasa

La biomasa es una de las fuentes energéticas más antigua. Este concepto engloba toda la materia orgánica susceptible de ser utilizada como fuente de energía. La biomasa puede ser: 

  • Natural. Se produce en la naturaleza, sin intervención humana.
  • Residual. Proviene de las actividades de las personas (por ejemplo, los residuos orgánicos urbanos).
  • Producida. Se trata de un tipo de recurso (generalmente vegetal) cuya única finalidad es el aprovechamiento energético.

En el caso de la biomasa residual, algunos procesos como la torrefacción o la pirólisis usan temperaturas elevadas para alterar químicamente y producir un combustible sólido denominado biocarbón. 

Biocombustibles (biogás, biodiésel, biometano, etc.)

Los procesos de conversión de residuos en energía pueden crear biocombustibles líquidos a partir de biomasa. 

Actualmente, nuestro país utiliza tanto los residuos urbanos como los residuos de depuradoras para generar biogás que puede usarse como combustible para medios de transporte y en el ámbito doméstico (calefacción, cocinas, etc.). 

Otro de los combustibles que podemos obtener gracias a la conversión de residuos urbanos en energía es el biodiésel, cuyos principales componentes son aceites vegetales y grasas animales. Las propiedades del biodiésel son prácticamente las mismas que las del gasóleo (gasoil), aunque su punto de inflamación es superior.

Respecto al biometano, es un tipo de gas renovable obtenido a partir del biogás que, por sus características, tiene un poder energético parecido al del gas natural. Su principal ventaja es que puede sustituirlo, siendo una alternativa mucho más sostenible: es neutro en CO₂, limpio y sin partículas. Además, el biometano puede inyectarse en la red de gas natural o comprimirse en GNC para uso como combustible o para producir calor o electricidad. En países como en Suecia, el uso del biometano como combustible ya ha superado al del gas natural (57%).

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